no hay expansión si no superas tus miedos.

No existe el modo de expandirse o tener una mejor vida si no trabajas tus miedos.

Llegó el momento de hablar de este tema que tanto me gusta.

Podría empezar naturalizando el hecho de que todos tenemos miedos. Habrá personas más miedosas que otras, pero todos y cada uno de nosotros tenemos alguno. Y lo más curioso que descubrí mientras conocía gente es que, en el fondo, casi todos compartimos los mismos. Cambiemos de historias, países, idiomas o estatus social: la mayoría teme no ser amada, no pertenecer, no tener dinero, ser abandonada, no ser suficiente, no conseguir la felicidad o perderla una vez alcanzada.

El miedo no es siempre malo. El problema es no saber distinguir entre miedos reales (tipo peligro de muerte) y miedos secundarios, cargados de creencias, limitaciones o ignorancia. De estos quiero hablar hoy.

Todos, en algún momento, estamos cómodos con algo en nuestras vidas. La comodidad es ese punto al que se llega cuando algo que un día hicimos por primera vez lo repetimos tantas veces que se vuelve natural. Como caminar, manejar, hacer el amor, etc.

Ahora te invito a que pienses en la primera vez que hiciste algo que te daba MUCHO MIEDO. Puede ser manejar, tu primer día de trabajo, tu primera cita con alguien con quien después saliste, la primera vez que hablaste en público. Lo que sea que hoy haces con naturalidad, pero que al principio te parecía imposible.

Ese miedito, esa ansiedad, ese cagazo inicial aparecen porque es algo que nunca hicimos antes y NO SABEMOS QUÉ PUEDE PASAR si le damos play.

Entonces ahí tu cabeza empieza:"Mirá que ni idea qué pasa después de acá, eh."; "Donde pises el acelerador quizá se te apaga el auto o atropeyas a alguien."; "¿Y si publicás ese video y se ríen de vos?"; "¿Quién sos vos para hablar de eso?"; "¿Posta la vas a invitar a salir? ¿Y si te dice que no?"

Y así... infinito.

El problema aparece cuando ese miedo, que compartimos casi todos, deja de ser una emoción pasajera y se convierte en un patrón. Cuando se apodera lo suficiente de vos como para dejarte paralizado y no poder avanzar.

Todos venimos con historias. Con creencias heredadas de nuestra familia, de la sociedad en la que crecimos y de la gente que nos rodeó.

¿Por qué hablo tanto de esto?

Porque yo estuve presa de mis creencias por mucho tiempo.

Muchas veces quedé paralizada por el miedo. Me costó muchísimo tiempo percibirme de maneras positivas y animarme a mostrarme como realmente era.

Con el tiempo empecé a desarrollar conciencia. A notar patrones. A reconocer mis miedos. Y, de a poco, a ir por cosas que jamás creí que haría.

Nunca me voy a olvidar del momento en el que saqué el pasaje para empezar mi viaje allá por el 2020.

Un pasaje solo de ida a Perú (porque era el más barato).

Lo saqué sin pensarlo y sentí una alegría enorme.

Ahora... cuando empecé a planificar el viaje, cuando vi dónde llegaba y todo lo que iba a hacer, ahí el pánico entró a la sala y emepcé: "¿Qué hice?";"¿Estoy loca?"; "¿Voy a hacer este viaje sola?"; "¿Con tan poca plata?", etc, etc, etc.

¿El viaje lo hice?

Sí. Estoy escribiendo esto seis años y medio después, habiendo pasado por nueve países.

¿Sabía qué estaba haciendo?

No. Realmente no tenía ni puta idea de nada.

¿Pensaba que iba a hacer todo lo que hice?

Obvio que no. Yo ni siquiera sabía que existían muchas de las cosas que terminaron pasando.

Incluso el primer viaje en avión no fue idea mía. Yo no sabía que podía irme a otros lugares, que podía salir de Argentina, que había lugares tan hermosos en el mundo. No tenía esa información en mi familia ni en mi círculo.

Y creo que esa es una de las cosas más lindas que me regalaron los viajes.

Las cosas que me fueron pasando fueron ampliando mi mapa. Siempre digo que mi viaje se fue expandiendo a la par de mi conciencia. A medida que aparecían nuevas posibilidades, también iban cayéndose muchas de mis creencias, iba venciendo nuevos miedos y animándome a ir un poco más lejos.

He tenido la suerte de conocer historias de gente a la que le pasaron cosas insólitas simplemente porque estaba abierta a que pasaran. Porque no tenía un miedo o una creencia diciéndole todo el tiempo: “No podés hacerlo."

Hace poco me ofrecieron empezar a dar clases de yoga en inglés en un hotel de Mallorca.

Los que me conocen saben que estuve AÑOS mambeada con el inglés. No me creía capaz de hablarlo y exponerme con otras personas.

Esta vez dije que sí sin pensarlo.

Es un desafío personal que me puse hace no mucho de empezar a decir que sí a las oportunidades antes de dejar que el miedo decidiera por mí y me dijese que no estoy lista.

Cinco minutos después apareció el pánico.

Un montón de pensamientos empezaron a decirme que efectivamente no estaba lista.

Pero, a diferencia de otros momentos de mi vida, les di las gracias por intentar cuidarme y les dije que igual lo iba a hacer.

Y así ando ahora por la vida.

Atravesando cada desafío que se me cruza, agradeciendo lo que me llega y pidiendo más.

Más de eso.

Y más de todo lo que todavía no conozco, pero sé que también está ahí.

Porque entendí que la vida tiene infinitamente más de lo que hoy soy capaz de imaginar. Y, si tengo que vivirlo para descubrirlo, entonces lo espero y me entrego.

Y vos? Te imaginás qué vida podrías tener si moves tus limitaciones un poco más lejos y te animas a ir por eso que tanto deseas?

Anterior
Anterior

Sin red, este viaje (la vida) no tiene sentido

Siguiente
Siguiente

Empezar una vida desde cero… Fantasía o realidad?