Corrí tan rápido que pasé por al lado de la zanahoria y ni la vi.
No sé si todo tiempo pasado fue mejor porque me tocó vivir en este tiempo presente.
Se dice que estos tiempos son difíciles. También se dice que en estos tiempos tenemos todo muy fácil. Entonces, ¿es más fácil o es más difícil? ¿Es mejor o es peor? ¿Somos más fuertes o nos fuimos convirtiendo cada vez más débiles?
Hoy escribo desde la ansiedad. Esa ansiedad que habita en mí y seguramente en vos, que estás leyendo esto, y en muchas personas que conozcas.
¿Qué pasa hoy que nada alcanza? ¿Hacia dónde estamos corriendo todos? ¿Por qué el placer se volvió tan intenso y corto? ¿Alguien siquiera notó que los momentos de tranquilidad se tiñeron de la más amenazante sensación de que hay algo que no estoy haciendo, algo que me estoy perdiendo, algún estándar que no estoy cumpliendo?
¿Qué mierda pasa que no puedo tirarme a mirar el cielo sin parar de pensar? Sin sentir que el mundo me aplasta y me corre, y quiero dejar de correr, pero de alguna manera no sé cómo.
A todas estas preguntas podría encontrarles una respuesta en menos de 15 segundos. Si abro alguna red social o si le pregunto a nuestro amigo GPT, encontraría MUCHAS respuestas, posiblemente a la misma pregunta.
Pero, ¿qué de todo eso es la verdad?
TANTA información nos está limando el cerebro. Tenemos tantas opciones hoy en día que nada alcanza. Crecimos creyendo que las cosas eran de cierta manera y nos dieron el regalo de cuestionarlo todo. Ese regalo se convirtió en un arma de doble filo.
¿Qué es real? ¿Qué es correcto? Cada vez se abren más interrogantes. No hay mucha claridad; hay que estar muy centrado pa no flaquear.
Hablo con amigas que viven en el lugar donde nací y tienen vidas un poco más “estables” y “normativas”, llamémosle, que de algún modo, al llegar a un objetivo, se sienten en el borde del abismo, como diciendo: ¿y ahora qué?
Hablo con la gente que me rodea, que tiene una vida menos estable y donde la duda se presenta casi a diario, y muchos tienen estas preguntas: ¿qué voy a hacer después de este verano? ¿A dónde voy a ir? ¿Voy a seguir viajando? ¿Voy a volver a mi país natal? ¿De qué voy a trabajar? ¿Cómo salgo de este círculo de viajero?
Y ellos sienten lo mismo: no saben qué hacer.
Insisto, ¿por qué corremos? ¿Y hacia dónde? ¿contra quién competimos?
En mi experiencia, yo caí en este juego también.
Una de las últimas terapeutas que tuve me llegó a decir:
“Es que Brenda, en 32 años ya has vivido muchas vidas, es normal que te sientas aburrida. ¿Y qué tal encarar el proyecto de la familia?” Jjja. Triste, pero cierto.
Pareciera ser que las opciones para esta vida son ser una soltera aventurera o una tipa de familia.
Ya he dicho varias veces que nunca planeé que mi vida fuese como viene siendo. La curiosidad me ha llevado a distintos puertos. Estoy muy orgullosa de todas las cosas hechas hasta hoy, que iba a enumerar, pero sería contradictorio a este texto.
Sin embargo, habiendo vivido tantas cosas tan diversas, aún hoy tengo momentos en donde digo: ¿Y ahora qué?, ¿Y ahora qué voy a hacer?, ¿Y ahora a qué me voy a dedicar?, ¿ahora dónde voy a vivir?, ¿de qué sirvió todo esto?, ¿Y AHORA QUÉ?
Y es que sí, la vida se volvió tan frenética que cuesta frenarla.
Estos últimos meses decidí frenar mi viaje por un tiempo. Tenía pensado ir a Australia, pero me empecé a cuestionar todo esto. Mi cabeza hoy no resiste otro movimiento tan brusco. Entonces me pregunto, ¿de dónde viene esa necesidad de acumular?
Ta... Nuestros viejos y abuelos quizá acumulaban bienes materiales, o cosas. Nos reíamos de ellos, pero ¿ahora nosotros qué?
No creo en esa frase que dice: “No acumules cosas, sino recuerdos o experiencias”.
Bueno, dejame decirte que sin una pausa entre experiencias para que tu cuerpo, mente y alma puedan procesar la información, lo único que estás haciendo es saturarte de información, es seguir corriendo para ganar un juego que nadie gana.
Y es que sí… El problema es cuando empezamos a medir la vida por cuánto hicimos.
Yo, por mi parte, no creo necesitar una nueva bandera de mi Instagram; creo necesitar una pausa, un invierno. Me cansé de correr.
Hoy tengo ganas de quedarme quieta, de volver a mí, de sentirme a salvo en mi propio cuerpo y EN MI PROPIA CABEZA.
¿Y qué? ¿Esto significa que hay que quedarse quieto y no desear nada? No, obviamente no.
Hay que vivir con un norte y un objetivo. Te sugiero que lo hagas, que te preguntes qué querés vos realmente, cuáles son los deseos de tu alma.
Y que vayas con calma, disfrutando el camino, saboreando la vida mientras tanto.
Dios, tenemos que dejar de estar TAN PELOTUDOS.
Dejar de estar idiotizados con algo, poniendo parches de todos gustos y colores a la vida, o si no, con ansiedad.
Tiene que haber un punto justo en el medio que sea vivir con calma, siendo fiel a tus principios, a tus deseos, cuidando a los tuyos, viviendo en el presente, disfrutando de las cosas que son realmente valiosas en la vida.
Pausa para respirar.
¿Sentís que la vida te lleva puesta o estás tan subido a la moto que no te diste ni cuenta de lo despeinado que estás?
No corras más, no hay a dónde llegar en verdad.
Gracias por leerme.