Del dicho al hecho hay un “A la verga todo” en el medio.

Estoy segura de que no soy la única en experimentar ese momento en el que hacés algo y pensás:
“Yo podría hacer esto toda la vida”.
“Yo podría vivir acá”.
“Yo podría dedicarme a esto”.

Son esas cosas que nos generan mucha felicidad, mucha paz y que, muchas veces, dejamos ahí, como una anécdota de vacaciones.

Sin embargo, lo que —desde mi punto de vista— sucede en ese momento es un llamado de atención. Ahí hay algo interesante, algo que te gusta, que te mueve, que te saca de la materia un rato y te mete en el famoso flow. Esas cosas que hacés y se te pasa el tiempo volando. Ahí hay algo que está pidiendo tu atención.

¿Qué pasaría si atendiésemos más esos llamados? ¿Cómo sería tu vida si alimentases esa parte que hace que tu corazón baile y se sienta en paz o feliz?

Porque algunas cosas pueden ser solo por el momento. Algo que sucedió una vez, en una situación aislada, con una compañía en particular. Como volar en parapente en Ecuador, cantar a los gritos con los ojos cerrados en un kirtan en la India, hacer snorkel en una playa de Italia (ay, qué viajada esha) o ir con una amiga a una noche de vino y pintura.

¿Pero… y si eso era una muestra gratis de tu pasión? ¿De algo que te llena el alma? Mucha gente sin saber qué le gusta o cuál es su pasión pero cuando hacen algo que les da paz o felicidad no lo hacen mas xD.

Bueno, algo así fue lo que me pasó en mi tercera o cuarta vacación a la playa.

Tengo la suerte de vacacionar en la playa desde que soy chica. Aunque no nací en el mar, siempre estuvo ahí como sinónimo de vacaciones, disfrute, familia, compartir, relaje.

Al principio eran mis viejos los que me llevaban. Recuerdo ese insólito verano millonario en el que mi mamá nos llevó 15 días y después nos quedamos 15 días más con mi papá. Un lujazo… pasar un mes en la costa era cosa seria.

Cuando alcancé la edad adulta, esa edad en la que vos mismo elegís adónde querés vacacionar, seguí eligiendo la playa como mi lugar de desconexión. Empecé a conocer playas cada vez más increíbles, frutas cada vez más deliciosas, paisajes cada vez más insolitos y coloridos.

Y siempre, en los últimos días, me encontraba diciendo:

“Yo podría tranquilamente vivir en un lugar así”.

“¿Cómo llamo al laburo para decir: ‘¿saben qué? No vuelvo más, me quedo acá’?”
(Esta última seguro que te suena).

Con el correr del tiempo, empecé a ver casos reales muy de cerca. Conocidos que tenían una vida similar a la mía hasta entonces, vendían todo y se iban a vivir a algún lugar con playita. Gente que ponía su vida en pausa… y le daba play a su viaje. Mucho viajecito por Sudamérica. Mucho “Tal se fue de viaje y se quedó viviendo en tal lugar”. 

Entonces esa idea “aislada” empezó a abrirse como una posibilidad real. Y así fue como nació el sueño hippie: ¿Será que vivir en la playa es realmente posible?

Hace seis años que vivo en lugares con playa y hoy no me imagino la vida lejos del mar. Desde el Pacífico hasta el Mediterráneo. Con el atardecer cayendo sobre el agua o a mis espaldas, con distintos tonos de azul, arenas más gruesas o más finas, con más o menos olas, pero siempre con la piel salada.

*

Tu vida es, y será siempre, el resultado de cada decisión que tomás. Cada decisión a lo largo del día, a lo largo del próximo minuto. A veces es más fácil, a veces más difícil, pero siempre estamos eligiendo la vida que queremos vivir. Lo que pasa es que la mayoría de la gente no lo sabe.

Hay muchas cosas que no sabemos. Muchas vidas que no sabemos que son posibles simplemente porque no tenemos la información.


Si no sabés que podés vivir en otro país, ¿cómo vas a siquiera pensar en irte de tu pueblo?
Si no sabés que podés emprender y no trabajar para otro, ¿cómo vas a desarrollar esa idea millonaria que tuviste un día?
Si no sabés que podés trabajar seis meses a cambio de casa y comida y viajar otros seis, ¿cómo cambias la búsqueda de alquiler por la de un trabajo así?
Si no sabés que hay países que te pagan por estudiar su idioma, ¿cómo vas a soñarlo?

Y así, infinitamente.

Hay un mundo súper vasto y lleno de posibilidades y, sin embargo, ahí vamos muchos repitiendo lo mismo: estudiar una carrera, trabajar para otro, ganar un sueldo fijo, tener hijos, comprar una casa, esperar los fines de semana hasta llegar a la jubilación.

Obviamente estoy generalizando. Y exagerando un poco también.

Pero es la realidad de muchos. De demasiados.

En resumen, lo que quiero decirte hoy es esto: hay un modo de hacer las cosas distinto. Y empieza separándote del montón, saliendo del ruido de la diaria y del peso de la corriente.

Conociéndote. Preguntándote en qué sos bueno, qué te gusta hacer. Haciéndolo. Sumando horas de práctica. Formándote si hace falta y confiando en lo que aún no ves.

No digo que no estudies. No digo que no trabajes.

Digo que no lo dejes para “algún día”.

Armate un plan si lo necesitás. Hacete una transición si eso te da seguridad.

Pero mandá a la verga todo lo que no te gusta de tu vida…
y toma acción

Bren.

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a ver qué hay ahí afuera…